...Mis pies estaban más felices que yo misma y a pesar del cansancio del viaje no pude resistirme a pasear descalza por ese lugar tan fresco y verde.
Quedaron grabados en mi memoria todos los detalles para cuando tenga mi propia casa en el campo hacer que se parezca mucho a esta.
Se puede pedir más viviendo en una casa así y con unas vistas como estas?
Los que más disfrutaron fueron los perros de la familia que también estaban invitados a la ceremonia. Ya me imagino a Kenzo y los gatos correteando por allí.
Dentro de la casa pasábamos el rato cocinando deliciosas tartas mientras otros amenizaban las tardes con su música...
Otros leían, charlaban o ayudaban con los preparativos de la boda...

Y como cabía esperar, a mi me tocó la tarea que más me gusta y tuve que improvisar con fieltro y unas cuentas un bolsito para la novia a juego con el vestido.
En el pueblo más cercano no había mucho que hacer, a parte de unas cuantas fotos y rebuscar en una tienda de segunda mano donde encontré unas preciosas muñecas antiguas por unas pocas libras.
No se como me las apaño que siempre encuentro algo bonito para comprar, aunque sea en el fin del mundo...

Las casitas eran encantadoras, con sus chimeneas, sus buhardillas, los jardines tan bien cuidados...
Llegada la noche todo era aún más mágico, incluso pude ver a un extraño visitante paseando por el jardín, un erizo muy gordo y tranquilo. Y como es costumbre por estas tierras del norte, nos fuimos a dormir temprano aún pudiendo disfrutar más de la estancia...una lástima!








